El Valle de la luna
El Valle de la luna Dejaron atrás el rÃo y el valle de Carmel y marcharon hacia el sur con el sol naciente, atravesando los cerros entre las montañas y el mar. El camino estaba lleno de barrancos y mostraba escasas señales de tránsito.
—La carretera se esfuma en ese punto, —dijo el marido—. De ahora en adelante sólo se verán huellas de cascos de caballos. Pero no veo indicaciones de árboles por aquÃ, y este suelo no me parece nada bueno. Sólo lo utilizan para pastar. Es como si dijéramos que no hay agricultura.
Las colinas estaban desnudas o cubiertas de hierba, pero sólo habÃa árboles entre los desfiladeros mientras que las montañas, más altas y distantes estaban tapizadas por espesuras de arbustos. En cierta ocasión vieron deslizarse un coyote, y Billy se lamentaba de no tener una escopeta a mano cuando, de pronto, un gato montés le clavó su maligna mirada, como si estuviera resuelto a no huir, y entonces una masa de tierra se deshizo sobre sus rejas como una granada.
Saxon se quejó de la sed a lo largo de varias millas. Billy buscó agua en un punto del camino en que éste se hundÃa casi hasta el nivel del mar, cruzado por un arroyuelo. El pecho del mismo estaba lleno de pedruscos arrastrados desde las colinas, y dejó que su mujer descansara allà mientras trataba de hallar el manantial.