El Valle de la luna
El Valle de la luna —¡Oh! —le gritó pocos instantes más tarde—. Vamos, baja, tienes que ver esto. Te quitará la respiración.
Saxon avanzó con el paso desmayado y descendió entre la espesura. En la mitad del camino habÃa un cerco de alambre de púas que se dirigÃa hacia lo alto desde la boca del arroyuelo, que se afirmaba sobre grandes rocas, y en ese sitio tuvo la primera imagen de la reducida playa. Sólo mirando desde el mar se podÃa sospechar su existencia, porque estaba completamente replegada sobre los tres lados empinados de la tierra, oculta por la vegetación. Más lejos de la playa servÃa de entrada a una estrecha cueva rocosa, que tenÃa un cuarto de milla de largo, y sobre cuya parte exterior el mar se estrellaba con verdadero estruendo, dominado finalmente cuando las aguas se extendÃan sobre la arena suave. Detrás de la boca del arroyuelo habÃa muchas rocas aisladas contra las cuales chocaban las olas con toda su fuerza, rompiéndose hacia lo alto, en el aire. Y al pie de esas rocas, cuando las olas retrocedÃan podÃan verse las almejas pegadas a la piedra, ennegreciéndola. Encima de aquéllas habÃa focas enormes de color oscuro que chorreaban agua y que bramaban debajo del sol, mientras que una multitud de aves marinas volaban por encima y chillaban agudamente.