El Valle de la luna
El Valle de la luna Y durante la noche, ya completamente satisfecho de carne de ciervo, reclinado sobre el codo, fumando un cigarrillo después de haber cenado, dijo:
—Tal vez no exista el valle de la luna. ¿Y si no existe, qué? Siempre seguiremos de esta manera. No puedo pedir nada mejor.
—Pero hay un valle de la luna —le respondió Saxon completamente segura—. Y lo encontraremos porque debemos hacerlo. No estarÃa bien si no sucediera nunca. Y allà no existirán las pequeñas Hazel o Hattie, ni los pequeños Billy …
—Ni las pequeñas Saxon —agregó él.
—Ni pequeños Possum —asintió ella con un movimiento de cabeza mientras extendÃa la mano para acariciar al perrito que clavaba sus colmillos en una costilla de ciervo. Tuvo la recompensa de un gruñido y el intento de un mordisco del que a duras penas se salvó.
—¡Possum! —gritó amonestándolo, y nuevamente extendió la mano.
—No lo hagas —le advirtió Billy—. Eso no se puede remediar y es probable que te muerda la próxima vez que lo intentes.
La actitud de Possum fue más amenazadora mientras guardaba celosamente el hueso con los ojos ardientes y enloquecidos.