El Valle de la luna
El Valle de la luna —Es buen perro que se aferra a su hueso —le defendió Billy—. No sentirÃa interés por uno que no lo supiera hacer.
—Pero se trata de mi Possum —protestó Saxon—. Y me quiere, y además tiene que quererme más que a un hueso viejo. Y deberÃa tenerme en cuenta. ¡Ven aquÃ, Possum, dame ese hueso!
Su mano se adelantó vacilando y el gruñido se elevó tanto que finalmente se convirtió en un mordisco.
—Es el instinto —repetÃa Billy—. Te quiere pero no puede remediarlo.
—Tiene derecho a salvar sus huesos de un extraño pero no de su madre —le respondió Saxon—. Conseguiré que me deje ese hueso.
—Los foxterriers tienen un temperamento un tanto subido, Saxon. Lo sacarás de sus casillas.
Pero tercamente Saxon insistÃa en sus propósitos. Recogió un trozo de leña.
—Bueno, señor, deme ese hueso.
Lo amenazó con el palo y entonces el gruñido del perro fue feroz. Comenzó a mordisquear otra vez y se apretaba contra el hueso. Saxon levantó el leño como si quisiera descargarlo y el perro bruscamente abandonó el hueso, y se echó de espaldas a sus pies con una elocuente expresión de sumisión y de solicitud en sus ojos.