El Valle de la luna
El Valle de la luna —Dios mÃo —respiró Billy casi aterrorizado—. FÃjate en eso…, te muestra su plexo solar, lo más vital que tiene, como si te dijera: «Aquà estoy, aplástame, acaba de una vez con mi vida, te quiero y soy tu esclavo, pero no puedo dejar de defender mi hueso. Mátame pero no puedo remediarlo».
ParecÃa que Saxon se enternecÃa, al menos en sus ojos habÃa lágrimas cuando se detuvo para alzar al animal en sus brazos. Possum estaba muy agitado, temblaba, tiritaba, se retorcÃa, mascullaba y se lamÃa la cara, como si todo fuese un ruego para que lo perdonaran.
—Corazón de oro con una rosa en la boca —canturreó Saxon mientras sepultaba su rostro en el suave montón de carne sensible—. Tu mamá está apenada. AquÃ, aquÃ, pequeño amor. ¿Ves?, aquà tienes tu hueso, tómalo.