El Valle de la luna
El Valle de la luna —¡Oh, creo que he acertado perfectamente con la cosa! —dijo finalmente—, y sin embargo no estoy satisfecho. Por cierto que no se trata de un gorrión blanco, pero al levantarse temprano y atender a las cosas consiguió remediar su anterior negligencia y de esa manera corrigió muchas cosas y le fue muy bien. Y, sin embargo, Saxon, si eso sólo es lo que significa la vida del granjero, francamente no tengo el menor interés en encontrar el valle de la luna. La vida no es un trabajo duro, andar de un lado a otro desde que amanece hasta que oscurece… Eso se podrÃa hacer en la ciudad y, entonces, ¿cuál es la diferencia? El único tiempo que le quedarÃa a uno serÃa para dormir, y cuando uno duerme no se divierte sino que está muerto. Hasta podrÃa quedarse muerto, liquidado por trabajar de esa manera. Antes preferirÃa viajar por los caminos, cazar ciervos y pescar truchas de vez en cuando, estar echado de espaldas a la sombra de un árbol, reÃr y pasar el rato contigo y nadar… Soy un trabajador voluntarioso, pero existe una diferencia entre el trabajo decente y romperse la cabeza trabajando.
Saxon estaba completamente de acuerdo. De pronto se sumergÃa en aquellos años de fatiga y los comparaba con la gozosa existencia que llevaba vagando por los caminos.