El Valle de la luna
El Valle de la luna Sobre la margen encontraron el antiguo plantÃo, donde llegaron a contar hasta veintisiete árboles descuidados pero de amplios troncos.
—Detrás de la casa, sobre lo alto de la estribación, podrÃamos cultivar fresas —Saxon se detuvo para considerar otra idea que habÃa acudido a su mente—. Si la señora Mortimer viniera para darnos consejos… ¿Crees que lo harÃa, Billy?
—Creo que sÃ. Desde San José sólo hay cuatro horas de viaje. Pero antes debemos asentarnos aquÃ, y luego podrÃas escribirle.
El arroyo Sonoma limitaba en una extensión bastante considerable con la pequeña granja por dos de sus costados de los cercos desgastados, y el cuarto lÃmite era el Wild Water.
—¡TendrÃamos por vecinos a ese hombre y esa mujer tan encantadores! —exclamó Saxon—. Wild Water serÃa el lÃmite entre ellos y nosotros.
—Pero esto todavÃa no es nuestro —dijo él—. Vamos a visitarlos. Creo que algo podrán decirnos acerca de todo esto.
—Es tan bueno como puede serlo —respondió ella—. Lo más difÃcil fue encontrarlo. Y quien quiera que sea su propietario parece que no se preocupa mucho por su inmueble. Da la impresión que no hace mucho tiempo que vive por aquÃ. ¿Estás contento?