Historias de los siglos futuros
Historias de los siglos futuros Ningún juguete le ayudaba a pasar las horas monótonas, ninguna palabra amable le daba ánimo, ninguna mano tranquilizadora se posaba sobre su frente. No conocÃa más que los ásperos reproches de Anne Bartell repitiendo continuamente que su presencia en este Mundo era inútil.
En tales circunstancias, se comprenderá en un niño solitario y abandonado, la génesis de su amargura y de la hostilidad contra sus semejantes que más tarde debÃa de expresarse en actos capaces de aterrorizar el Mundo.
Sorprenderá probablemente que estando Anne Bartell, Emile Gluck hubiera recibido una instrucción superior. La explicación es muy fácil. El holgazán de su marido la plantó, dio con un rico yacimiento en los terrenos aurÃferos de Nevada, y regresó millonario.
Anne Bartell envió entonces inmediatamente al niño odiado a la Academia de Farrington, a unos cien kilómetros de distancia. TÃmido y sensible, el niño incomprendido se sintió más solo que nunca.