Historias de los siglos futuros
Historias de los siglos futuros Los mecanismos de la guerra moderna habían detenido a las masas desorganizadas de China, mientras que las epidemias realizaban su obra. La guerra a la antigua usanza se convirtió en objeto de burla, buena solamente para patrullar. China se había reído de la guerra y la había soportado. Pero era la guerra ultramoderna, la guerra del siglo veinte, la guerra de los sabios y de los laboratorios, la guerra de Jacobus Laningdale.
Los cañones de cien toneladas no eran más que juguetes comparados con los proyectiles micro-orgánicos lanzados por los laboratorios, por aquellos mensajeros de la muerte, aquellos ángeles despiadados que arrasaban un imperio de mil millones de almas.
Durante todo el verano y el otoño de 1976, China fue un Infierno. Era imposible escapar de los proyectiles microscópicos que llovían sobre los refugios más apartados. Cientos de millones de cadáveres se quedaban sin sepultura y los gérmenes aumentaban; en los últimos tiempos millones de seres morían cada día de hambre. El hambre debilitaba a las víctimas y destruía sus defensas naturales contra las enfermedades. Por todas partes reinaba el canibalismo, el asesinato y la locura. Y así, de esta manera tan espantosa, pereció China.