La gente del abismo
La gente del abismo ¿Es una descripción exagerada? Todo depende. Para aquel que ve la vida en términos de acciones y cupones, sin duda me he excedido. Pero para quien la vida es una cuestión de disponer de una auténtica condición de hombre o mujer, no puedo haberlo hecho. Tales hordas de brutal ruindad y miseria están en total desequilibrio con la existencia de un cervecero millonario que vive en un palacio del West End, que se sacia con los encantos sensuales de los dorados teatros londinenses, que se codea con los hijos de lores y príncipes, y que es nombrado caballero por el rey. Ha ganado sus espuelas… ¡Dios lo impidiera! En los viejos tiempos la gran bestia rubia cabalgó en primera línea de batalla y consiguió ganarse sus espuelas partiendo a hombres desde la sesera hasta los pies. Al fin y al cabo, es más digno matar a un hombre fuerte de un limpio sablazo que convertirlo en un pobre animal, lo mismo que a sus descendientes, por medio de los artificios y las tretas manipuladoras de la industria y la política.
Pero volvamos al lúpulo. Aquí el divorcio de la tierra se hace tan evidente como en cualquier otro aspecto de la agricultura en Inglaterra. Mientras la manufactura de cerveza aumenta constantemente, el cultivo de lúpulo desciende paralelamente. En 1835 los acres dedicados al cultivo del lúpulo eran 71.327. Hoy sólo alcanzan 48.024, es decir, se ha producido un descenso de 3.103 con relación al año anterior.