La gente del abismo
La gente del abismo Pero esto suponÃa un dilema. Un alojamiento donde mis pertenencias estuvieran seguras implicaba una patrona que sospecharÃa de un caballero que llevaba una doble vida; mientras que una patrona que no se preocupase por la doble vida de sus huéspedes implicarÃa un alojamiento en el que mis pertenencias no estarÃan seguras. Evitar este dilema es lo que me habÃa traÃdo hasta Johnny Upright. Un detective con treinta años de servicio en el East End, conocido por el nombre que le habÃa dado un convicto de los muelles, era quien mejor podÃa encontrarme una patrona honrada y tranquilizarla con respecto a mis extrañas idas y venidas.
Sus dos hijas le precedieron en su regreso de la iglesia; eran dos hermosas muchachas endomingadas; tenÃan la frágil y delicada belleza que caracteriza a las jóvenes cockney, una belleza que no es más que una promesa sin futuro, condenada a desvanecerse rápidamente como el color de una puesta de sol.
Me miraron con franca curiosidad, igual que si fuese un animal extraño, pero luego me ignoraron por completo durante el resto de tiempo que duró mi espera. Entonces llegó el mismÃsimo Johnny Upright y fui invitado a subir a su despacho
—Hable más alto —me interrumpió nada más empecé a hablar—. Estoy muy resfriado y no oigo bien.