La gente del abismo
La gente del abismo Cuando estuve preso en la cárcel de California por vagabundear recibà mejores alimentos y bebida que los que le dan un trabajador de Londres en sus cafeterÃas; y como trabajador americano he desayunado por doce peniques manjares que ningún trabajador británico soñarÃa jamás. Aunque él pagará por el suyo tres o cuatro peniques, que es lo que yo hubiese pagado si ganara su sueldo. Por otra parte, e insisto en ello, yo podré hacer una cantidad de trabajo que lo dejarÃa en ridÃculo. Es decir, la cuestión tiene dos vertientes. El hombre con un alto nivel de vida trabajará más y mejor que el hombre de nivel bajo.
Los marineros siempre hacen una comparación entre los buques mercantes ingleses y los americanos. Según dicen, en un barco inglés la comida es pobre, la paga escasa y el trabajo fácil; en un barco americano, la comida es abundante, la paga generosa y el trabajo duro. Algo trasladable a los trabajadores en tierra de ambos paÃses. Los grandes barcos de vapor del Océano tienen que pagar por velocidad y vapor, lo mismo que ocurre con el trabajador. Si el trabajador no tiene suficiente para pagar, no tendrá ni velocidad ni vapor. La prueba que lo confirma es la llegada del trabajador inglés a América. Pondrá más ladrillos en Nueva York que en Londres, aún más en St. Louis, y todavÃa más cuando llegue a San Francisco. Su poder adquisitivo también ha ido aumentando constantemente.