La gente del abismo
La gente del abismo Considero de justicia que, cuando menos, un hombre que hace su trabajo debe poder aspirar a un cuarto privado, donde poder cerrar la puerta y sentirse seguro; donde poder sentarse a leer o contemplar el paisaje por la ventana; donde poder entrar y salir si asà lo desea; donde poder guardar algunas de sus pertenencias, aparte de lo que carga continuamente a su espalda o en los bolsillos; donde poder colgar la imagen de su madre, de sus hermanas, amantes, bailarinas, perros o lo que su corazón le reclame… en pocas palabras, un lugar en la tierra del que pueda decir: «Esto me pertenece, es mi castillo; el mundo se detiene ante el umbral; aquà soy el amo y señor». Se sentirá como un auténtico ciudadano y hará su trabajo mejor.