La gente del abismo
La gente del abismo Cuando estuve en una de las plantas del hotel de los pobres pude escuchar, fui de cama en cama para mirar a los que dormían. Gran parte de ellos eran hombres jóvenes, de veinte a cuarenta años. Los ancianos no pueden conseguir el dinero necesario para pagar una casa de reposo. Están obligados a acudir a los albergues públicos. Observé a aquella multitud de jóvenes y me di cuenta de que no tenían mala apariencia. Sus rostros estaban hechos para ser besados por los labios de una mujer y sus cuellos esperaban su abrazo. Eran dignos de ser amados, como el resto de los hombres. Eran capaces de amar. La caricia de una mujer redime y enternece, y ellos necesitaban redención y ternura en lugar de tanta tosquedad. Me pregunté dónde estarían esas mujeres, y al tiempo escuché la risa embriagada de una prostituta. Leman Street, Waterloo Road, Piccadilly, The Strand, ésa era la respuesta, y así supe dónde estaban.