La gente del abismo
La gente del abismo Los pobres, los pobres, los pobres, están ahÃ,
aprisionados por la aplastante mano del Comercio
contra una puerta que sólo se abre hacia dentro
con tal fuerza que queda sellada para siempre,
exhalando un monstruoso aire fétido
hacia las leguas de libertad que hay afuera
allà donde el arte, cual dulce alondra,
convierte el firmamento en melodÃa celestial.
SYDNEY LANIER
Para estar en el East End, el cuarto que alquilé por seis chelines, es decir, un dólar y medio, por semana, era muy confortable. Desde el punto de vista americano, por el contrario, estaba mal amueblado y era pequeño e incómodo. Al agregar a su escaso mobiliario una mesita para la máquina de escribir, moverme resultó difÃcil; en el mejor de los casos tenÃa que deslizarme como un gusano, lo cual requerÃa destreza y presencia de ánimo.
Una vez instalado, o mejor dicho, una vez depositadas mis pertenencias, me puse mis harapos y salà a dar una vuelta. Estando fresca en mi cabeza la idea de buscar alojamiento, empecé una concienzuda búsqueda utilizando la hipótesis de que yo era pobre, joven, con esposa y una familia numerosa.
