La gente del abismo
La gente del abismo Y mientras comía pan y mermelada, comenzó un juego de despropósitos mutuos, las muchachas considerando que me habían insultado al haberme confundido con un mendigo y el padre estimando como el más alto elogio de mi habilidad el haber tenido éxito al provocar tal confusión. Disfruté esa situación, así como con el pan, la mermelada y el té, hasta que llegó el momento de que Johnny Upright se ocupara de encontrarme un alojamiento, lo cual hizo en su propia calle, apenas seis puertas más allá, en una casa tan idéntica a la suya como un guisante a otro guisante.