La gente del abismo
La gente del abismo La quiebra de la empresa también jugó un importante papel en el hundimiento de los trabajadores en el profundo Abismo. Unos ridÃculos salarios semanales era lo único que los mantenÃa como una familia y no como pobres indigentes, unos meses de inactividad bastaban para que tuvieran que enfrentarse a más penurias y a una miseria indescriptible, las vÃctimas no siempre eran capaces de olvidar aquellos delirios y reanudar con normalidad el trabajo cuando volvÃan a encontrarlo. Precisamente ahora los periódicos dedican extensos reportajes a la gran reunión de Sindicatos de Estibadores del Muelle, de la que muchos hombres dependen, ya que durante meses no han visto aumentar sus mÃseros sueldos. El ritmo de la industria naval en el puerto de Londres se ha paralizado debido a este asunto. Para los jóvenes hombres y mujeres, para muchos matrimonios, no existe la más mÃnima certeza de poder alcanzar un resquicio de felicidad o cuando menos un nivel medio de vida. Con sus trabajos es, imposible garantizar el futuro. Es cuestión de suerte. Todo depende de que «el hecho no suceda», aquello contra lo que no pueden luchar ni protegerse. La precaución no les servirá de nada, no hay tretas ni artificios que valgan. Si permanecen en la industria, en el campo de batalla, deberán atenerse a la desigualdad de condiciones. Por supuesto si no aceptan ninguna responsabilidad y no se atan a las obligaciones familiares, podrán escapar de la industria, de la batalla. En ese caso lo más probable para el hombre será acabar, precisamente, en el ejército; y la mujer, en la mayorÃa de los casos, se convertirá en enfermera de la Cruz Roja o ingresará en un convento. En cualquier caso, deberán dejar atrás sus casas, sus hijos y todas las cosas que hacen que la vida cobre sentido para no convertir la vejez en una de sus peores pesadillas.