La gente del abismo
La gente del abismo Inglaterra es el paraíso de los ricos, el purgatorio de los sensatos y el infierno de los pobres.
THEODORE PARKER
Tener una vida tan frágil, con un horizonte completamente yermo de felicidad, hace que la propia existencia no tenga ningún valor y que el suicidio se convierta en moneda de cambio. Es tan común que difícilmente se puede leer el periódico sin topar con él; en los tribunales policiales un suicidio despierta el mismo interés que un borracho y se resuelve con la misma prisa y la misma indiferencia.
Me viene a la memoria uno de estos casos de los Tribunales Policiales del Támesis. Siempre me he vanagloriado de mi buena vista y oído y de mi sensato juicio sobre los hombres y las cosas; he de confesar que durante el rato en el que permanecí en los Tribunales no salía de mi asombro al ver la premura con que el entramado judicial despachaba los casos de borrachos, alborotadores, vagabundos, camorristas, mujeres maltratadas, ladrones, aprovechados, especuladores y mujeres de la calle. El banquillo de los acusados ocupaba el centro de la sala (el lugar más iluminado), unos y otros se sentaban en él, hombres, mujeres y niños, en una fluida corriente que discurría en paralelo a las sentencias que brotaban de los labios del Juez.
