La gente del abismo
La gente del abismo Pero ahà está el Hombre del Saco de Londres que se los lleva para siempre jamás. Desaparecen. Nadie ha vuelto a ver a ninguno de esos niños ni nada que recuerde que un dÃa existieron. Puedes intentar buscarlos en vano entre los mayores. Sólo veras cuerpos encogidos, rostros que reflejan la más pura fealdad y mentes torpes y adormecidas. La gracia, la belleza y la imaginación, todo lo que nutre de encanto al cuerpo y al alma, han desaparecido. No obstante, es posible que, en alguna ocasión, una mujer, no necesariamente vieja, pero sà encorvada y deforme, inflada y borracha, se levante las faldas para realizar unos ridÃculos pasos de baile en la calle. Es la prueba de que en un tiempo formó parte del grupo de chiquillos que bailaban al ritmo del organillo. Esos torpes y entumecidos pasos es lo único que queda de aquella niña que tanto prometÃa. En un recóndito rincón de su memoria ha surgido el fugaz recuerdo de la infancia. Se acerca a ella una muchedumbre. Las jóvenes muchachitas danzan a su lado, con la gracia que para ella es sólo un vago recuerdo y que ahora se ha convertido en parodia de sà misma. Al poco tiempo jadea, exhausta y sin aliento se retira del cÃrculo que se ha formado a su alrededor. Las niñas prosiguen el baile.