La gente del abismo
La gente del abismo Tras un momento de silencio hablaron
de la vasija más deforme.
Se mofan de mà porque está torcida.
¿Quizá temblaba la mano del alfarero?
OMAR JAYYAM
—Oiga, ¿me puede alquilar una habitación?
Dejé caer estas palabras con desgana, por encima de mi hombro, a una fornida mujer mayor con la que compartÃa una mesa en una cafeterÃa que estaba cerca de Pool y no lejos de Limehouse.
—Ajá —contestó secamente, quizás porque mi apariencia no se corresponde con la que exige su casa.
No dije nada más y consumà en silencio mi loncha de tocino y mi repugnante jarra de té. Tampoco demostró ella interés por mà hasta que llegó el momento de pagar mi cuenta (cuatro peniques), y saqué del bolsillo una moneda de diez chelines. Se produjo entonces el resultado esperado.
—Ajá, señor —dijo—, tengo un sitio fetén. ¿Vuelve de un viaje?
—¿Cuánto por una habitación? —inquirÃ, haciendo caso omiso a su curiosidad. Me miró de arriba a abajo con franca sorpresa.
—No alquilo habitaciones, no se lo hago a mis clientes, asà que menos aún a los que están de paso.
