La gente del abismo
La gente del abismo 
Donde los niños crecen.
Un joven embrutecido; una ruina prematura; incapacidad física para trabajar como maquinista; el arroyo o el penal; y el fin… Lo veía con tanta claridad como yo, pero no le aterrorizaba. Desde el momento de su nacimiento todas las fuerzas de su alrededor habían contribuido a endurecerle, y veía su miserable e inevitable futuro con una insensibilidad e indiferencia que yo no podía modificar.
Y sin embargo no era mal hombre. No era intrínsecamente vicioso y brutal. Tenía una mentalidad normal, y mejor físico. Sus ojos eran grandes y azules, sombreados por largas pestañas, y estaban muy separados. Sonreían, tenían el brillo del humor. La frente y las facciones eran correctas, la boca y los labios, dulces, aunque ya empezaban a tener un rictus retorcido. El mentón era débil, aunque no demasiado; he visto a hombres más débiles inmejorablemente situados.