La gente del abismo
La gente del abismo —¡Soo! —exclamĂł, dándome un puñetazo afectuoso en el hombro—. ÂżA quĂ© juegas? Una tĂa besándome, y crĂos en mis rodillas, y la tetera silbando… ÂżTodo eso por cuatro libras con diez al mes cuando tienes barco y cuatro veces nada cuando no lo tienes? Yo te dirĂ© lo que se tiene con cuatro libras con diez: la parienta buscando camorra, los crĂos escuálidos, sin carbĂłn que haga silbar la tetera, que al final acaba contra tu cabeza; eso es lo que se tiene. Suficiente para que estĂ©s contento de volver al mar. ¡Una parienta! ÂżPara quĂ©? ÂżPara que te haga desgraciao? ÂżCrĂos? Sigue mi consejo, compa, y no tengas. Haz como yo. Me tomo una cerveza cuando quiero, sin una tĂa y unos mocosos llorando pidiendo pan. Soy feliz, con mi cerveza y compas como tĂş, un barco cerca y otro viaje por mar. AsĂ que venga, tomemos otra pinta. Cerveza es lo que me hace falta.
No es preciso continuar con el discurso de este joven de veintidĂłs años, he indicado suficientemente su filosofĂa de la vida y las razones econĂłmicas que la explican. La palabra “hogar” sĂłlo le hacĂa pensar en cosas desagradables. Siendo los salarios de su padre, y de otros hombres del mismo estilo, muy bajos, habĂa encontrado razones suficientes para señalar a esposa e hijos como causas de la desgracia masculina. Hedonista inconsciente, absolutamente amoral y materialista, buscaba la mayor felicidad posible para sĂ mismo, y la habĂa encontrado en la bebida.