La gente del abismo
La gente del abismo No olvidemos que el marinero llevaba cuarenta años en la armada, tenía tres galones por buena conducta y poseía la Cruz Victoria por servicios distinguidos en combate; es decir, que no podía ser un mal marinero. Pero el teniente estaba irritable, le insultó; fue un insulto desagradable. Se refería a la madre del marinero. Cuando yo era pequeño teníamos por norma pelear como demonios si se dedicaba tal insulto a nuestras madres; y en mi país muchos hombres han muerto al insultar con esas palabras a las madres de otros hombres.
Sea como fuere, el teniente insultó a la madre del marinero. Éste, en aquel momento, tenía en las manos una barra de hierro. Sin dudarlo, golpeó con ella la cabeza del teniente, haciéndolo caer por la borda. Entonces, según palabras del propio marinero:
—Me di cuenta de lo que había hecho. Conocía las ordenanzas y me dije: “Estás acabado, Jack, muchacho; así es que allá voy”. Y salté tras él, decidido a ahogarme con él. Y lo hubiese conseguido de no haber sido porque se nos acercó la barcaza del buque insignia. Al emerger a la superficie yo lo tenía sujeto y le estaba dando de puñetazos. Esto es lo que me perdió. De no haber estado golpeándolo podía haber dicho que, al ver lo que había hecho, salté por la borda para salvarle.