La gente del abismo
La gente del abismo Como un rayo, pese a sus ochenta y siete años, el viejo marinero salió disparado con la improbable esperanza de encontrar cobijo en otra parte. Yo me quedé a discutir con otros dos tipos, expertos en alojamientos circunstanciales, sobre dónde era más conveniente dirigirse. Decidieron probar en el albergue de Poplar, a unas tres millas, y hacia allà nos encaminamos.
Al doblar la esquina uno de ellos comentó:
—Hoy no habÃa manera de entrar. Vine a la una y ya habÃa cola… mimados como gatitos, eso es lo que son. Siempre dejan entrar a los mismos, noche tras noche.