La gente del abismo
La gente del abismo Paseé por Mile End Road con el Carretero y el Carpintero a mi lado. Mile End Road es una calle ancha que cruza el corazón del este de Londres, y en ella había decenas de miles de personas extrañas. Explico esto para que puedan comprender lo que describiré en el párrafo siguiente. Íbamos andando, y yo maldije con ellos, y lo hice como lo haría un granuja americano embarrancado en una tierra extraña y terrible. Y, tal como intentaba hacerles creer, me tomaron por un “hombre de mar” que había gastado su dinero llevando una vida de francachelas, que había perdido sus ropas (algo bastante frecuente en los marineros) y estaba provisionalmente arruinado mientras trataba de encontrar un barco. Esto justificaba mi ignorancia de las costumbres inglesas en general y del alojamiento circunstancial en particular, y mi curiosidad sobre ese asunto.
Al Carretero le costaba seguir el ritmo de nuestros pasos (me confesó que no había comido nada en todo el día), pero el Carpintero, flaco y hambriento, con el gris y gastado abrigo flotando al viento, se movía con pasos largos y continuos que me recordaban al lobo de las praderas o al coyote. Ambos mantenían los ojos fijos en la acera y, de vez en cuando, uno u otro se inclinaba y recogía algo sin dejar de andar. Creí que recogían colillas, y al principio no presté atención. Pero luego me di cuenta de lo que se trataba.