La gente del abismo
La gente del abismo Tras mis dos fracasados intentos de entrar en el alojamiento circunstancial de Whitechapel, la tercera vez fui temprano y me unà a la mÃsera cola antes de las tres de la tarde. Aunque no abrÃan hasta las seis, a aquella temprana hora yo tenÃa ya el número veinte y corrÃa el rumor de que sólo admitirÃan a veintidós. A eso de las cuatro habÃa ya treinta y cuatro en la cola, los diez últimos con la leve esperanza de poder entrar gracias a algún milagro. Vinieron muchos más; le echaban un vistazo a la cola y se marchaban, comprendiendo amargamente que el clavo estaba ya lleno.