La Llamada de la selva
La Llamada de la selva Unos ciudadanos de buen corazón detuvieron a los perros y recogieron los bártulos desperdigados. Les dieron, además, sanos consejos. Reducir la carga a la mitad y duplicar el número de perros era la fórmula, si querían llegar alguna vez a Dawson. Hal, su hermana y su cuñado escucharon de mala gana, montaron la tienda y pasaron revista a sus posesiones. La aparición de alimentos enlatados provocó la risa entre los espectadores, ya que a nadie se le ocurriría llevar latas en la Larga Marcha.
-Mantas para un hotel -dijo uno de los hombres que reían y ayudaban-. La mitad de las cosas que lleváis son superfluas: tiradlas. Y la tienda, y todos esos platos. ¿Quién los va a fregar, en todo caso? Dios mío, ¿creéis que viajáis en un Pullman?