La Llamada de la selva
La Llamada de la selva -No es que me importe lo que os pase a vosotros, pero por el bien de los perros sólo quiero deciros que podrÃais serles de grandÃsima ayuda si liberáseis ese trineo. Los patines están firmemente adheridos al hielo. Tenéis que romperlo.
Por tercera vez se intentó la partida, pero esta vez, siguiendo el consejo, Hal liberó los patines que habÃan quedado congelados en la nieve. El sobrecargado y rÃgido trineo se puso en marcha, con Buck y sus compañeros esforzándose frenéticamente bajo la lluvia de golpes. Un centenar de metros más adelante, la senda describÃa una curva y descendÃa en empinada pendiente hacia la calle principal. Para mantener en pie el inestable trineo habrÃa hecho falta un hombre con experiencia, y Hal no lo era. Al tomar la curva con velocidad, el trineo volcó, desparramando la mitad de la carga mal sujeta. Los perros ni siquiera se detuvieron. El trineo aligerado botaba de un lado a otro tras ellos, irritados por el maltrato recibido y por la carga excesiva. Buck estaba furioso. Apretó la carrera, y el equipo lo siguió. Hal gritaba «¡soo! ¡soo!», pero ellos no le hacÃan caso. El tropezó y cayó. El trineo volcado pasó con estruendo por encima de él, y los perros prosiguieron a toda marcha, contribuyendo al jolgorio general en Skaguay al desparramar el resto de los trastos por la calle principal.