La Llamada de la selva

La Llamada de la selva

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Y una mierda -dijo Hal, y Mercedes soltó un «¡Oh!», dolida y apesadumbrada ante el improperio. Pero siendo una criatura apegada a los suyos, se apresuró a tomar partido por su hermano.

-No hagas caso de ese hombre -dijo con intención-. Tú eres quien conduce a nuestros perros, y haz con ellos lo que te parezca mejor.

Nuevamente descargó Hal el látigo sobre los perros, que tiraron de las riendas, clavaron las patas en la nieve y pusieron en el empeño todas sus fuerzas. El trineo resistió como si fuera un ancla. Después de dos intentos, los perros quedaron inmóviles, jadeando. El látigo silbaba sin piedad cuando Mercedes intervino de nuevo. Cayó de rodillas ante Buck, con lágrimas en los ojos, y le abrazó el cuello.

-Pobrecitos míos -exclamó llorosa y compasiva-, ¿por qué no tiráis más fuerte? Así no os azotarán.

A Buck no le gustó esta mujer, pero estaba demasiado afligido para resistírsele y lo tomó como parte de la desgraciada jornada.

Uno de los espectadores, que había estado apretando los dientes para no estallar, habló entonces:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker