La Llamada de la selva
La Llamada de la selva A Hal no le quedaban arrestos para pelear. Además, tenÃa que dedicar las manos, o más bien los brazos, a su hermana; por otra parte, Buck es taba demasiado cerca de la muerte y ya no serÃa útil para tirar del trineo. Minutos después se apartaban de la orilla y marchaban rÃo abajo. Buck oyó que se iban y alzó la cabeza para mirar. Pike iba al frente, Sol-leks, de zaguero, y entre ambos, Joe y Teek. Renqueaban y se tambaleaban. Mercedes iba sentada sobre la carga del trineo. Hal llevaba la vara y Charles los seguÃa dando tumbos.
Mientras Buck los observaba, Thornton se arrodilló junto a él y, con sus toscas y bondadosas manos, lo palpó buscando huesos rotos. Cuando acabó con el examen sin haber encontrado más que muchas contusiones y un tremendo estado de inanición, el trineo se hallaba a unos quinientos metros de distancia. Hombre y perro observaban su lentÃsimo avance sobre el hielo. De pronto vieron que la parte trasera se hundÃa, formando un surco, y que la vara, con Hal prendido de ella, daba vueltas en el aire. Hasta sus oÃdos llegó el grito de Mercedes. Vieron a Charles girar y dar un paso atrás para escapar, y entonces todo un bloque de hielo cedió, y perros y hombres desaparecieron. Lo único que quedó a la vista fue un inmenso agujero. La senda de hielo por el rÃo se habÃa deshelado.
John Thornton y Buck se miraron.