La peste escarlata y El idolo rojo
La peste escarlata y El idolo rojo Bassett sonrió tristemente ante el recuerdo. El pequeño muchacho de New Hanover había tenido miedo, pero había demostrado serle fiel, siguiéndolo sin vacilar a la maleza en busca del sonido maravilloso. Nada de tronco de árbol ahuecado con fuego, eso, llamando a guerra a través de las profundidades de la jungla, había sido la conclusión de Bassett. Su siguiente conclusión había sido errónea, es decir, había supuesto que la fuente o causa no podía estar a más de una hora de marcha y que estaría cómodamente de regreso para media tarde, cuando lo recogería el bote ballenero del Nari.