Las Muertes concentricas
Las Muertes concentricas —Entre el hombre de las patillas rojas y el del sombrero blanco está sentado Ben Wasson. Me has oÃdo hablar de él. Es el mejor pugilista del paÃs en su categorÃa. Además es negro, del Caribe, de pura raza, el más negro de los Estados Unidos. Tiene puesto un sobretodo negro completamente abotonado. Lo vi cuando entró y ocupó el asiento. Apenas se sentó, desapareció. MÃralo con atención; tal vez sonrÃa.
Ya iba a atravesar la sala para verificar la afirmación de Lloyd, pero éste me contuvo. —Espera —dijo.
Esperé y observé, hasta que el hombre de las patillas rojas dio vuelta la cabeza, como si se estuviera dirigiendo al asiento vacÃo; y entonces, en aquel lugar desocupado, vi girar lo blanco de un par de ojos, y la doble medialuna de dos filas de dientes blancos, y por un instante pude columbrar la cara de un negro. Pero cuando la sonrisa hubo terminado, también lo hizo su visibilidad, y el asiento volvió a parecer vacÃo.
—Si fuera perfectamente negro, podrÃas sentarte al lado de él sin verlo —dijo Lloyd; y confieso que la demostración me dejó casi convencido.