Las Muertes concentricas
Las Muertes concentricas —El papel de tornasol es todavÃa papel de tornasol —expuso en el tono solemne de un conferencista—. No lo he convertido en otra cosa. Entonces ¿qué hice? Simplemente, cambié la disposición de las moléculas. Mientras primero absorbÃa todos los colores de la luz menos el rojo, su estructura molecular fue cambiada de modo tal que absorbió el rojo y todos los colores menos el azul. Y asÃ, siguiendo hasta el infinito. Ahora, lo que me propongo hacer es lo siguiente. —Se detuvo un momento—. Me propongo descubrir los reactivos apropiados, que, actuando en el organismo viviente, produzcan cambios moleculares análogos a los que acabas de presenciar. Pero estos reactivos que voy a descubrir y sobre cuya pista estoy no van a cambiar la estructura molecular al azul o al rojo o al negro: le van a dar la transparencia. Toda la luz lo va a atravesar. Va a ser invisible. No va a arrojar ninguna sombra.
Unas semanas después salà de caza con Paul. Me habÃa estado prometiendo desde hacÃa algún tiempo que tendrÃa el placer de cazar con un perro extraordinario —el perro más extraordinario, en realidad, con el que jamás hombre alguno habÃa cazado, asà me lo aseguró y continuó asegurándomelo hasta que logró despertar mi curiosidad. Pero la mañana en cuestión me decepcioné, porque no habÃa ningún perro a la vista.
—No se lo ve por acá —señaló Paul despreocupadamente, y salimos por los campos.