Las Muertes concentricas
Las Muertes concentricas El aire parecía estar lleno de algún ímpetu desconocido. La casa vibró y tembló, y escucharon el estrépito de un sonido poderoso. Las ventanas tintinearon con violencia. Los vidrios de dos de ellas se rompieron; una ráfaga de viento se precipitó dentro, golpeándolas y haciéndolas bambolear. La puerta del lado opuesto se cerró con violencia, haciendo pedazos el cerrojo. El picaporte blanco cayó al suelo, deshecho en fragmentos. Las paredes del cuarto se combaron como un globo de gas inflado demasiado rápido. Entonces vino un nuevo sonido, como una descarga de fusilería, mientras la espuma del mar golpeaba las paredes de la casa. El capitán Lynch miró su reloj. Eran las cuatro de la tarde. Se puso una chaqueta de tela de piloto, descolgó el barómetro y se lo metió en un amplio bolsillo. Una ola embistió de nuevo la casa con un violento impacto, y la ligera construcción se inclinó, giró sobre sus cimientos, y se hundió, con el piso inclinado en un ángulo de diez grados.