Las Muertes concentricas
Las Muertes concentricas —La tribu está apurada. Sus fardos son pesados y sus vientres están chatos por falta de alimentos. La senda es larga y viajan deprisa. Me voy ahora. ¿Estás bien?
—Está bien. Soy como la hoja del año pasado, que se aferra débilmente al tallo. Al primer soplo, caeré. Mi voz se ha vuelto como la de una vieja. Mis ojos ya no me muestran el camino de mis pies, y mis pies están pesados y estoy cansado. Está bien.