Las Muertes concentricas
Las Muertes concentricas Y una vez más llegaron al lugar donde el alce había intentado trepar la orilla y ganar el bosque. Pero sus enemigos lo atacaron por detrás, hasta que retrocedió y cayó sobre ellos, y hundió a dos profundamente en la nieve. Era evidente que la muerte estaba próxima, porque sus hermanos los habían dejado intactos. Pasaron de largo rápidamente ante dos enfrentamientos más, breves en el tiempo y muy cercanos. Ahora la senda estaba roja, y los limpios trancos del animal se habían vuelto cortos y desaliñados. Entonces escucharon los primeros ruidos de la lucha —no el coro de la cacería, a garganta plena, sino el ladrido rápido y áspero que hablaba de la lucha cuerpo a cuerpo, y de dientes clavados en la carne—. Arrastrándose contra el viento, Zing - ha reptó sobre la nieve, y con él lo hizo Koskoosh, quien habría de ser jefe de la tribu en los años venideros. Juntos apartaron las ramas inferiores de un abeto joven y espiaron. Lo que vieron fue el final.