Los mejores cuentos de Jack London

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—A Moosu le ha ocurrido una gran desgracia, ¡oh, señor!, porque yo he murmurado con más éxito, y el pueblo llegó hasta él diciendo que tenía hambre y pidiendo la realización de la profecía. Hubo gritos de: «Itlwillie! Itlwillie!» (carne). Entonces pidió tregua a sus mujeres, que estaban ebrias de furor y de aguardiente, y condujo a la tribu hacia tus depósitos de carne, pero los depósitos estaban vacíos, no había carne. Allí estaba todo el pueblo sin articular palabra, atemorizado, y en medio del silencio elevé mi voz: «¡Oh, Moosu!, ¿dónde está la carne? Nosotros sabemos que aquí había carne. ¿No la cazamos nosotros y la trajimos hasta aquí? Mentirías si dijeras que un solo hombre se la ha comido; ni siquiera hemos encontrado los cueros y las pieles. ¿Dónde está la carne? ¡Oh, Moosu! Tú que oyes la voz de Dios, ¿dónde está la carne?». Y el pueblo gritó: «Tú que oyes la voz de Dios, ¿dónde está la carne?». Y juntaron las cabezas asustados. Entonces anduve entre ellos y les hablé de cosas terribles y desconocidas: de la muerte, que va y viene como las sombras y lleva la desgracia consigo; hasta que, aterrorizados, gritaron con todas sus fuerzas y se juntaron como niños atemorizados por la oscuridad. Neewak les arengó atribuyendo a Moosu todo el mal que había caído sobre ellos. Cuando hubo terminado de hablar se produjo una terrible conmoción y cogieron lanzas, colmillos de caballo marino, mazas y guijarros. Pero Moosu huyó a su casa, y como no había bebido aguardiente, no pudieron cogerle, pues corrían pesadamente y caían unos encima de otros. Se quedaron aullando fuera de su cabaña, donde se hallan las mujeres de Moosu y con el estrépito no pueden oírle.


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