Los mejores cuentos de Jack London
Los mejores cuentos de Jack London Mientras cruzábamos el campo de deportes, me señaló de pronto el rostro de la señora Swinton. Allí estaba la inconfundible escarlata. Al instante todas las otras mujeres se pusieron a gritar y huyeron asustadas. Sus dos hijas también empezaron a correr con la niñera; pero su esposo, el doctor Swinton, no se movió de su lado.
—Siga adelante, Smith —me dijo—, y cuide de mis niños. Yo me quedo con mi mujer. Ya sé que se muere, pero no quiero abandonarla. Luego, si tengo la fortuna de vivir, iré al Palacio de la Química. Espérenme.
Le dejé inclinado sobre ella, consolándola en sus últimos momentos, y corrí a reunirme con los otros. Fuimos los últimos en ser admitidos en el Palacio de la Química, que después mantuvimos incomunicado gracias a los rifles automáticos. Según nuestros planes, cabríamos hasta sesenta en aquel refugio; pero como todos trajeron parientes y amigos, llegamos a reunirnos cuatrocientas almas. No obstante, el Palacio era grande, y al estar aislado, no había peligro de que se incendiara con las imponentes hogueras que devastaban la ciudad.