Los mejores cuentos de Jack London
Los mejores cuentos de Jack London Cuando hubieron transcurrido veinticuatro horas sin que se hubiese manifestado entre nosotros ningún síntoma de la epidemia, nos felicitamos. Después, como temíamos quedarnos sin agua, decidimos hacer un pozo. Ya habéis visto las grandes cañerías que en aquellos tiempos llevaban el agua para los habitantes. Temíamos que el fuego las quemara y que se vaciaran totalmente los depósitos. Por lo tanto, rompimos el pavimento del patio central y empezamos a cavar el pozo, ayudándonos muchos jóvenes estudiantes y trabajando día y noche para apresurar la obra. No tardaron en confirmarse nuestros temores, pues tres horas antes de terminarse el pozo se habían secado las cañerías.
Pasaron otras veinticuatro horas sin que la peste nos afectase: creímos habernos salvado; pero ignorábamos lo que después tuve ocasión de comprobar; esto es: que el periodo de incubación de los gérmenes duraba una infinidad de días. Como la enfermedad se desarrollaba tan rápidamente, creíamos que el periodo de incubación era igualmente rápido, y por eso, al ver que durante dos días no ocurría ninguna novedad, nos entusiasmamos con la idea de habernos librado del contagio.