Los mejores cuentos de Jack London
Los mejores cuentos de Jack London El otro se agitó en el asiento, echó la cabeza hacia delante y la apoyó en la mesa. Pentfield reanudó el monótono tamborileo con los nudillos. Un fuerte ruido junto a la puerta atrajo su atención. La helada iba invadiendo el interior como una sábana blanca; Pentfield empezó a tararear:
Los rebaños están recogidos, las ramas desnudas;
el salmón se dirige hacia el mar.
Y ¡oh hermosa! Yo quisiera poder, en algún sitio,
contigo mi corazón albergar.
Se hizo un silencio, que no volvió a interrumpirse hasta que llegó Billebedam y puso la caja de los dados encima de la mesa.
—Hace mucho frío —dijo—. Oleson ha hablado conmigo y me ha dicho que el Yukon se ha helado esta noche última.
—¡Ya oyes, viejo! —gritó Pentfield dándole una palmada en el hombro—. El que gane, mañana a estas horas puede estar en camino para la tierra bendita.
Cogió la caja haciendo sonar los dados alegremente.
—¿Qué va a ser?
—Levanta la caja de los dados y échalos —contestó Hutchinson.