Los mejores cuentos de Jack London
Los mejores cuentos de Jack London —¡Por Júpiter, Lawrence! —dijo al final de la sesión, al ponerse ambos de pie—. Voy a traer a tu novia como si fuera una princesa. Yo guisaré y cuidaré de los perros, y el hermano solo tendrá que preocuparse porque ella vaya bien y procurarle las cosas que a mà se me olviden. Yo intentaré olvidar las menos posible, te lo aseguro.
Al dÃa siguiente Lawrence Pentfield le estrechó la mano por última vez, le vio correr con los perros y desaparecer por el helado Yukon hacia el mar y hacia la civilización. Pentfield se volvió a su mina de Bonanza, que ahora le pareció más horrible; y se preparó resueltamente a hacer frente al largo invierno. Allà habÃa mucho trabajo, habÃa que vigilar a los hombres, dirigir las operaciones y después ocuparse en el pago de los jornales; pero su corazón no estuvo en el trabajo ni en otra cosa hasta que sobre la colina situada detrás de la mina empezaron a levantarse las hileras de troncos de una nueva cabaña. Era espaciosa y abrigada, dividida en tres departamentos confortables. Cada tronco era cortado y ajustado a mano: un capricho caro, teniendo en cuenta que los operarios ganaban quince dólares al dÃa; pero a él nada le parecÃa demasiado costoso tratándose de la casa que habÃa de habitar Mabel Holmes.