Los mejores cuentos de Jack London
Los mejores cuentos de Jack London Pentfield comenzó a pensar que su socio, a pesar de tener que marchar al este para ver a su familia, permanecía mucho tiempo al lado de Mabel Holmes. A veces se sorprendía preocupándose por este motivo; pero se hubiese preocupado más de no conocer tan bien a Mabel y a Corry. Por otra parte, las cartas de Mabel hablaban mucho de Corry. Al mismo tiempo se adivinaba una especie de temor, muy parecido al desafecto, siempre que se trataba del viaje por el hielo y de la boda en Dawson. Pentfield le contestaba animándola, riendo de sus recelos que él suponía mero temor físico ante los riesgos y las privaciones más bien que subterfugios de mujer.
Pero el interminable invierno y la fastidiosa espera, después de los dos largos inviernos anteriores, habían influido en él. La dirección de los trabajos y la ocupación de pagar a los hombres no bastaban para romper el tedio de los días, y a finales de enero empezó a hacer algunos viajes a Dawson, donde durante unas horas, junto a las mesas de juego, podía olvidarse de su identidad. Deseando perder, ganaba, y «la suerte de Pentfield» llegó a ser proverbial entre los jugadores de faraón.