Martin Eden
Martin Eden —Su gramática es excelente —le informó el profesor Hilton, mirándole a través de sus enormes gafas—; pero no sabe nada, absolutamente nada, de las demás asignaturas, y sus nociones de historia norteamericana son… no existe otro adjetivo, patéticas. Yo le aconsejarÃa que…
El profesor Hilton se detuvo y le dirigió una mirada frÃa y sin imaginación, como a uno de sus tubos de ensayo. Era profesor de fÃsica en el instituto, tenÃa una familia numerosa, un sueldo exiguo y un selecto arsenal de conocimientos aprendidos como un loro.
—SÃ, señor —respondió Martin humildemente, deseando que el bibliotecario ocupara en esos instantes el lugar del profesor Hilton.
—Yo le aconsejarÃa que volviera a matricularse en una escuela de primaria por lo menos dos años. Buenos dÃas.
A Martin no le afectó demasiado aquel fracaso, aunque le sorprendió la expresión contrariada de Ruth cuando se enteró del consejo del profesor Hilton. Su decepción era tan evidente que lamentó no haber aprobado, sobre todo por ella.