Martin Eden
Martin Eden —Como ve, yo tenÃa razón —exclamó la joven—. Usted sabe mucho más que cualquiera de los estudiantes que han ingresado y, sin embargo, no ha superado las pruebas. Y ello se debe a que su educación es incompleta, superficial. Necesita la disciplina del estudio, y sólo pueden proporcionársela los mejores profesores. Debe adquirir una buena base. El profesor Hilton tiene razón, si yo fuera usted, asistirÃa a la escuela nocturna. Quizá pudiera aprender lo suficiente en año y medio. Además, eso le dejarÃa los dÃas libres para escribir o, si no puede ganarse la vida con la pluma, trabajar en otra cosa.
«Pero si me paso el dÃa trabajando y por las noches voy a la escuela, ¿cuándo podré verla?»: éste fue el primer pensamiento de Martin, pero prefirió reservárselo y se limitó a decir:
—Me parece tan infantil ir a la escuela nocturna… No me importarÃa hacerlo si creyera que vale la pena. Pero no es asÃ. Puedo aprender más deprisa yo solo. SerÃa una pérdida de tiempo —pensó en ella y en su deseo de conquistarla—, y no puedo permitirme ese lujo. De hecho, no tengo tiempo.