Martin Eden
Martin Eden A ella le dio pena insistir y el joven prosiguió:
—El conocimiento es como una sala de derrota[5]. Cada vez que voy a la biblioteca, tengo esa impresión. La tarea de los profesores es enseñar a los alumnos el contenido de esa sala de un modo sistemático. No son más que unos guÃas. No enseñan nada que ellos tengan en la cabeza. No inventan, no crean nada. Todo está en la sala de derrota y ellos saben dónde encontrarlo; su misión es mostrar el camino a los recién llegados para que no se pierdan. Pero yo no me pierdo fácilmente. Tengo sentido de la orientación. Suelo saber adónde estoy… ¿Qué he dicho mal ahora?
—No se dice «adónde estoy».
—Tiene razón —exclamó agradecido—, lo correcto es «dónde estoy». Pero ¿dónde estoy… quiero decir, por dónde iba? Ah, sÃ, por la sala de derrota. Bueno, alguna gente…
—Algunas personas —le corrigió ella.
—Algunas personas, casi todas, necesitan un guÃa; pero creo que yo puedo arreglármelas sin él. He pasado mucho tiempo en la sala de derrota, y estoy a punto de encontrar lo que busco, las cartas que deseo consultar, las costas que deseo explorar. Y sé que navegaré mucho más rápido solo. La velocidad de una flota es siempre la del barco más lento, y con los profesores ocurre lo mismo. No pueden ir más deprisa que los alumnos del montón, y yo solo puedo correr mucho más.