Martin Eden
Martin Eden —¿Lo dice en serio? —preguntó Martin con aire distraÃdo, pues para él sólo habÃa una mujer hermosa en el mundo, y estaba junto a él, cogida de su brazo.
—¿Que si lo digo en serio? Si esa joven tuviera la oportunidad de vestirse bien, señor Eden, y alguien le enseñara a conducirse como es debido, usted y el resto de los hombres la mirarÃan embelesados.
—TendrÃan que enseñarle primero a hablar —comentó él—; de lo contrario, casi ningún hombre la entenderÃa. Estoy seguro de que usted no entenderÃa ni la cuarta parte de lo que dice.
—¡Qué bobada! Es usted tan horrible como Arthur cuando quiere salirse con la suya.
—Olvida cómo hablaba yo cuando nos presentaron. He aprendido un idioma nuevo desde entonces. Antes hablaba como esa chica. Ahora sé lo suficiente para explicarle que usted no conoce su lenguaje. ¿Y sabe por qué tiene ese aire? Ahora pienso mucho en esas cosas, aunque antes no solÃa hacerlo; y estoy empezando a comprender…
—Pero ¿por qué tiene ese aire?