Martin Eden
Martin Eden —Lleva muchos años trabajando horas y horas junto a una máquina. Cuando un cuerpo es joven resulta muy maleable, y el trabajo duro lo moldea como si fuera masilla según la naturaleza de la actividad. Me basta echar un vistazo para saber el oficio de cualquier trabajador que encuentro por la calle. FÃjese en mÃ. ¿Por qué me balanceo de este modo? Por los años que he pasado en el mar. Si hubiera trabajado todo ese tiempo como vaquero, con mi cuerpo joven y moldeable, ahora no me balancearÃa, pero tendrÃa las piernas arqueadas. Y lo mismo pasa con esa chica. Se habrá dado cuenta de lo dura que parece su mirada. Nadie la ha protegido nunca. Ha tenido que cuidar de sà misma, y una jovencita no puede cuidar de sà misma y conservar una mirada dulce y amable como… la suya, por ejemplo.
—Creo que tiene razón —dijo Ruth en voz baja—. Y es terrible, ¡con lo bonita que es!
Él vio sus ojos iluminados por la compasión. Entonces se acordó de que la amaba, y le maravilló tener la fortuna de poder amarla y llevarla del brazo a una conferencia.