Martin Eden
Martin Eden Puso los brazos en la mesa y hundió el rostro entre ellos. Sentía una opresión en la garganta y tenía ganas de llorar. Se acordaba de su primera pelea, a los seis años, cuando, con las lágrimas resbalando por las mejillas, había tratado de alcanzar con los puños a su rival, dos años mayor, que le había vencido y golpeado hasta dejarle exhausto. Veía el corro de niños, gritando como salvajes mientras él caía al fin, retorciéndose de dolor, con la sangre manando de su nariz y los ojos anegados en llanto.
—Pobre pequeño —murmuró—. Y ahora te han aplastado del mismo modo. ¡Menuda paliza! Estás acabado.
Pero el recuerdo de aquella primera pelea seguía vivo bajo sus párpados, y, mientras la observaba, vio cómo se desvanecía para dar paso a una sucesión de peleas posteriores. Seis meses después, Cara de Queso (ése era su rival) había vuelto a dejarle fuera de combate. Pero aquella vez Martin le había puesto un ojo morado. Eso era algo. Y contempló todas las peleas, una tras otra, él mordiendo el polvo y Cara de Queso exultante a su lado. Pero jamás había huido. Se sintió más fuerte al recordarlo. Siempre se había quedado y había afrontado las consecuencias. Cara de Queso había sido un demonio y nunca se había apiadado de él. Pero ¡él había resistido! ¡Lo había soportado todo!