Martin Eden
Martin Eden Más tarde divisó una estrecha callejuela, entre unas casas destartaladas. Al fondo habÃa un edificio de ladrillo de una sola planta, en cuyo interior retumbaba el sonido rÃtmico de las prensas que imprimÃan la primera edición del Enquirer. Él tenÃa once años y Cara de Queso, trece, y los dos vendÃan el Enquirer. Por eso estaban allà esperando sus periódicos. Y, naturalmente, Cara de Queso empezó a meterse con él, y los dos se enzarzaron en otra pelea que se quedó a medias, pues a las cuatro menos cuarto abrÃan las puertas de la imprenta y la cuadrilla de muchachos entraba como una tromba a recoger sus periódicos.
—Mañana te daré una paliza —oyó prometer a Cara de Queso; y pudo escuchar su propia voz, aguda y temblorosa, conteniendo las lágrimas mientras contestaba que no faltarÃa a la cita.