Martin Eden
Martin Eden Necesitaba ahorrar. Durante las vacaciones había gastado casi todo lo que había ganado en la lavandería, y pasarían semanas antes de saber si los periódicos aceptaban sus nuevos trabajos. Excepto cuando veía a Ruth o visitaba a su hermana Gertrude, vivía recluido, y hacía diariamente el trabajo de tres hombres normales. Dormía cinco horas escasas y sólo una persona con una constitución de hierro podría aguantar día tras día, como hacía Martin, diecinueve horas seguidas de trabajo agotador. Jamás perdía un instante. En el espejo había listas de definiciones y pronunciaciones; y las repasaba una y otra vez mientras se afeitaba, vestía o cepillaba el pelo. Tenía unas listas parecidas en la pared sobre el hornillo, y también las estudiaba mientras cocinaba o fregaba los platos. Listas nuevas reemplazaban constantemente a las viejas. Todas las palabras extrañas o poco familiares que encontraba al leer eran inmediatamente anotadas, y más tarde, cuando tenía un número suficiente, las escribía a máquina y las colgaba en la pared o en el espejo. Incluso las llevaba en los bolsillos, y las revisaba en los momentos libres por la calle o mientras esperaba que le atendieran en la carnicería o en la tienda de ultramarinos.